Mediante la respiración encontramos un método muy eficaz para conocernos a nosotros mismos y para conocer el mundo externo.
Si te concentras en tu respiración, si observas detalladamente lo que ocurre, te darás cuenta que ninguna inhalación y exhalación es igual a la anterior.
Tu respiración cambia constantemente como cambian tus emociones, como cambian las circunstancias de la vida cotidiana, como cambia el día y la noche, esa es una de las grandes verdades que el universo nos muestra constantemente, la naturaleza de la impermanencia.
Aquello que nos aqueja tiene la misma naturaleza que nuestra respiración, cambiará y se transformará. Si nos adiestramos en esta observación y practicamos diariamente, podremos atender nuestra respiración de manera natural, sin hacerla larga o suave, porque entenderemos que la impermanencia todo lo transforma y naturalmente tenderá a recuperar su equilibrio natural.
No es bueno forzar todo el tiempo la respiración cada vez que nos sentimos angustiados o estresados, porque de este modo no estamos comprendiendo la naturaleza de la vida, la estamos forzando a nuestro antojo y eso genera impaciencia y dejara de darnos resultados.
Observemos la impermanencia y una vez que nos fundamos en ella podremos aceptar y percibir los cambios y las transformaciones de manera natural sin reaccionar y tratar de ejercer control sobre nosotros mismos o el entorno.

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