domingo, 19 de abril de 2015

MEDITACION EN LA MOTIVACIÓN



Cuando decidimos adentramos en la meditación, como sucede con cualquier otra actividad, es esencial que verifiquemos la naturaleza de nuestra motivación. En efecto, dicha motivación —altruista o egoísta, amplia o limitada—es la que dará una dirección positiva o negativa a nuestros actos, y, por tanto, determinará su resultado.

Todos deseamos evitar el sufrimiento y alcanzar la felicidad, y todos tenemos el derecho fundamental de ver realizada esta aspiración. Sin embargo, la mayoría de las veces nuestros actos están en contradicción con nuestros deseos. Buscamos la felicidad donde no la hay, y nos precipitamos hacia lo que nos hará sufrir. La práctica budista no exige renunciar a todo lo que es realmente beneficioso en nuestra existencia, sino que más bien nos mueve a abandonar las causas del sufrimiento, a las que, a pesar de todo, estamos encadenados como si fueran drogas. Y dado que ese sufrimiento está causado por la confusión mental que oscurece nuestra lucidez y nuestro juicio, el único modo de remediarlo es adquirir una visión justa de la realidad y transformar nuestro espíritu. Así eliminaremos sus causas primeras; es decir, los venenos mentales de la ignorancia, la malevolencia, la avidez, la arrogancia y los celos, producidos, a su vez, por el apego egocéntrico y falaz que mantenemos con el «yo». 

Pero con curar los sufrimientos personales no hay bastante. Cada uno de nosotros no somos más que un solo ser, mientras que el número de los demás es infinito, y ellos, al igual que nosotros, también quieren dejar de sufrir. Además, todos los seres somos interdependientes, y, por tanto, estamos íntimamente unidos a los demás. Por consiguiente, el fin último de la transformación que vamos a emprender a través de la meditación es, también, el de ser capaces de liberar a todos los seres del sufrimiento y contribuir a su bienestar.

Meditación

Colocados en la postura de meditación toma unos momentos para respirar y relajarte.

Reflexionemos sobre nuestra situación actual. ¿Acaso no valdría la pena que mejoráramos nuestros comportamientos o reacciones habituales? Miremos en lo más hondo de nosotros mismos. ¿Percibimos la presencia de un potencial de cambio? Tengamos confianza en el hecho de que ese cambio es posible, por poca determinación y lucidez que tengamos. Hagamos cuanto esté en nuestras manos para cambiar no sólo por nuestro propio bien, sino también, y sobre todo, para que un día seamos capaces de borrar el sufrimiento de los demás y ayudarles a encontrar la felicidad duradera. Dejemos que esta determinación crezca y eche raíces en lo más hondo de nosotros.

Fuentes de inspiración


«¿Nuestro comportamiento denota estrechez o amplitud de espíritu? ¿Tenemos en cuenta el conjunto de una situación o nos limitamos a los detalles? ¿Nuestra perspectiva es a corto o a largo plazo? ¿Acaso nuestra motivación se halla realmente impregnada por la compasión? ¿Nuestra compasión se limita a nuestra familia, a nuestros amigos y a todos aquellos con los que nos identificamos? Es necesario que continuamente nos formulemos esta clase de preguntas.»

Fuente: Matthieu Ricard

viernes, 17 de abril de 2015

Técnica Para La Calma Interior



1 Si te sientes estresado o estresada, reconoce tus sentimientos tan pronto como te des cuenta que has perdido el equilibrio o percibes si es frustración, impaciencia, ansiedad, enojo o que estas con bloqueo mental, sobrecarga de trabajo o criticando y enjuiciando etc.

2 Tomate un tiempo para practicar meditación en la respiración, de manera natural, concentrándote en la inhalación y exhalación. Lleva tu atención al corazón u al pecho como si la respiración surgiera de allí.  

3 Imagina que con cada inhalación estas atrayendo un sentimiento de "calma interior" y que desde tu corazón estas generando equilibrio y cuidado a tu naturaleza mental y emocional.

4 Con la práctica aumentará la capacidad para darte cuenta cuando las emociones estresantes se han calmado y las has dejado ir. 

5 Cuando los sentimientos estresantes se han calmado, afirma con un compromiso desde el corazón que quieres anclar y mantener el estado de calma cuando retomes tus actividades diarias.


domingo, 12 de abril de 2015

Algunas Recomendaciones Generales


Es esencial mantener la continuidad de la meditación, día tras día, porque eso hará que vaya ganando en amplitud y estabilidad, como un hilo de agua que poco a poco se va transfor-mando en un arroyo y posteriormente en un río.

En los textos leemos que es preferible meditar con regularidad y de un modo repetido durante períodos cortos de tiempo que efectuar, de vez en cuando, largas sesiones. Por ejemplo, podemos dedicar veinte minutos al día a la meditación, y aprovechar las pausas que se producen en nuestras actividades para reavivar, aunque sólo sea durante unos minutos, la experiencia que habremos adquirido durante nuestra práctica formal. Estos períodos cortos tendrán muchas posibilidades de tener una alta calidad y mantendrán un sentimiento de continuidad en nuestra práctica. Para que una planta crezca bien, hay que regarla un poco cada día. Si nos contentamos con echarle un gran cubo de agua una vez al mes, probablemente se morirá por causa de la sequedad entre riego y riego. Y lo mismo ocurre con la meditación, aunque eso no significa que a veces se le pueda dedicar más tiempo.

Si meditamos de una manera demasiado discontinua, durante los intervalos en los que no lo hacemos volvemos a nuestras viejas costumbres y de nuevo nos dejamos influir por las emociones negativas, sin tener la posibilidad de recurrir al apoyo de la meditación. Pero cuando sucede lo contrario, es decir, si meditamos a menudo, aunque sea brevemente, nos será posible prolongar, entre las sesiones formales, una cierta parte de nuestra experiencia meditativa.

Asimismo cabe decir que la asiduidad no debe depender del humor del momento. Da lo mismo que nuestra sesión de meditación sea agradable o fastidiosa, fácil o difícil: lo importante es perseverar. Si nos aburrimos, no es por causa de la meditación, sino porque nos falta entrenamiento. Por otra parte, cuando uno no se siente demasiado propenso a meditar es cuando, por lo general, la práctica suele ser más provechosa porque está directamente relacionada con lo que representa un obstáculo en vistas a nuestro progreso espiritual.

Tal como luego veremos con más detalle, también tenemos que equilibrar nuestro esfuerzo, de modo que no estemos ni demasiado tensos ni demasiado relajados. Buda tenía un discípulo que tocaba muy bien la vina, un instrumento de cuerda parecido al sitar. Como este discípulo tenía muchas dificultades para meditar, se lo dijo a Buda: «Unas veces, me esfuerzo lo indecible para concentrarme y entonces me pongo demasiado tenso. Otras, intento relajarme, pero entonces me distiendo demasiado y llego a caer en el torpor. ¿Qué debo hacer?» A modo de respuesta, Buda le formuló una pregunta: «Cuando afinas tu instrumento, ¿qué tensión das a sus cuerdas para que emitan el mejor sonido?» «No tienen que estar ni demasiado tensas ni demasiado flojas», respondió el músico. Y Buda concluyó: «Pues lo mismo vale para la meditación: para que progrese armoniosamente, hay que encontrar un justo equilibrio entre el esfuerzo y la relajación».

También es aconsejable no conceder importancia a las diversas experiencias interiores que pueden surgir en el curso de la meditación, bajo la forma, por ejemplo, de felicidad, de clarividencia interior o de ausencia de pensamientos. Estas experiencias son comparables a los paisajes que se ven al pasar cuando se viaja en tren. Como es lógico, a nadie se le ocurriría bajarse del tren cada vez que una escena le parece interesante, porque lo importante es llegar al destino final. En el caso de la meditación, nuestro fin es ir transformándonos a nosotros mismos a lo largo de los meses y los años. En general, se trata de progresos que apenas resultan perceptibles de un día para otro, a imagen de las agujas de un reloj, que parece que no se mueven cuando las miramos fijamente. Así pues, tenemos que ser diligentes, pero no impacientes. La prisa casa mal con la meditación, porque toda transformación profunda exige tiempo.

Poco importa que el camino sea largo, no sirve para nada fijarse una fecha límite: lo esencial es saber que se va en la buena dirección. Además, el progreso espiritual no es un tema de «todo o nada». Cada paso y cada etapa aportan su lote de satisfacción y contribuyen a la apertura interior. En resumen, lo que cuenta no es llevar a cabo de vez en cuando algunas experiencias efímeras, sino ver, al cabo de varios meses o varios años de práctica, que se ha cambiado de una manera duradera y profunda.

Matthieu Ricard

lunes, 6 de abril de 2015

¿Quieres obtener mejores resultados de tu meditación? Empieza desde donde estés



Al meditar aprendemos a ser felices en todo momento, o dicho de otro modo, la meditación es un entrenamiento mental con el que lograr mantener una mente siempre feliz. (Aquí nos referimos a la felicidad auténtica que proviene de una mente apacible y positiva, no a la felicidad artificial, esa especie de excitación que se nutre del apego a las sensaciones agradables -y efímeras por cierto-, y que tarde o temprano nos acaba decepcionando.)



jueves, 2 de abril de 2015

3. El desarrollo de la atención de la respiración durante al menos 20 minutos es cultivo mental


Normalmente, nos duchamos todos los días para limpiarnos, y si no lo hacemos nos sentimos incómodos. Nuestra mente también necesita una limpieza regular ya que se encuentra con muchas emociones a diario. Esto se puede hacer manteniendo un hábito de práctica de meditación durante 20 minutos por sesión, de una a tres veces al día.

Concentra tu atención sobre la profunda inhalación y la exhalación. Mantén una atención pura y comprensión clara fijas en la respiración. No prestes atención ni al pasado ni al futuro - solo y simplemente se uno con el momento presente. Deja de lado todas las convenciones (sammuti), tales como las de ser hombre, mujer, padre, madre, niño o adulto. Incluso tenemos que dejar de lado a nosotros mismos, nuestro cuerpo, sentimientos, pensamientos y todas las percepciones.

Nuestra mente es poderosa; lo que pensamos se convierte en realidad. Una meta que tengas en mente se materializará. Por lo tanto, si deseas ser feliz ahora, tú tienes la capacidad para lograrlo.

Piensa en una mente pura y brillante, y surgirá. Piensa acerca de la alegría (pīti) y la felicidad (sukha) y surgirán. Inspira profundamente y espira largo. Una vez que la mente está concentrada, experimentarás alegría y felicidad, la meta que te propusiste.

miércoles, 1 de abril de 2015

Observación mediante la respiración




Mediante la respiración encontramos un método muy eficaz para conocernos a nosotros mismos y para conocer el mundo externo.
Si te concentras en tu respiración, si observas detalladamente lo que ocurre, te darás cuenta que ninguna inhalación y exhalación es igual a la anterior.

Tu respiración cambia constantemente como cambian tus emociones, como cambian las circunstancias de la vida cotidiana, como cambia el día y la noche, esa es una de las grandes verdades que el universo nos muestra constantemente, la naturaleza de la impermanencia.


Aquello que nos aqueja tiene la misma naturaleza que nuestra respiración, cambiará y se transformará. Si nos adiestramos en esta observación y practicamos diariamente, podremos atender nuestra respiración de manera natural, sin hacerla larga o suave, porque entenderemos que la impermanencia todo lo transforma y naturalmente tenderá a recuperar su equilibrio natural.

No es bueno forzar todo el tiempo la respiración cada vez que nos sentimos angustiados o estresados, porque de este modo no estamos comprendiendo la naturaleza de la vida, la estamos forzando a nuestro antojo y eso genera impaciencia y dejara de darnos resultados.

Observemos la impermanencia y una vez que nos fundamos en ella podremos aceptar y percibir los cambios y las transformaciones de manera natural sin reaccionar y tratar de ejercer control sobre nosotros mismos o el entorno.

2. Respiraciones largas son como primeros auxilios para la mente




La verdadera naturaleza de nuestra mente es pura y alegre. Sin embargo, condiciones mundanas deseables (posesiones, estatus, elogio, felicidad) influyen sobre la mente, lo que la lleva a estar feliz o triste. Placer, disgusto, pereza, envidia, miedo e ira son todos síntomas de la enfermedad mental.

Cada vez que surja tristeza, deberíamos darnos cuenta de que este sentimiento no es “yo” ni “nuestro”, porque la verdadera naturaleza de nuestra mente es pura.

Cuando aparece angustia, cúrala con inhalaciones profundas y largas exhalaciones.
Placer y descontento no pueden permanecer en una mente que está viva con la atención pura y la clara comprensión, con una atención plena y completa a la larga inspiración y espiración. Este es un método para mantener un buen estado de salud mental. Se trata de primeros auxilios para nuestra mente.