Todos deseamos evitar el sufrimiento y alcanzar la felicidad, y todos tenemos el derecho fundamental de ver realizada esta aspiración. Sin embargo, la mayoría de las veces nuestros actos están en contradicción con nuestros deseos. Buscamos la felicidad donde no la hay, y nos precipitamos hacia lo que nos hará sufrir. La práctica budista no exige renunciar a todo lo que es realmente beneficioso en nuestra existencia, sino que más bien nos mueve a abandonar las causas del sufrimiento, a las que, a pesar de todo, estamos encadenados como si fueran drogas. Y dado que ese sufrimiento está causado por la confusión mental que oscurece nuestra lucidez y nuestro juicio, el único modo de remediarlo es adquirir una visión justa de la realidad y transformar nuestro espíritu. Así eliminaremos sus causas primeras; es decir, los venenos mentales de la ignorancia, la malevolencia, la avidez, la arrogancia y los celos, producidos, a su vez, por el apego egocéntrico y falaz que mantenemos con el «yo».
Pero con curar los sufrimientos personales no hay bastante. Cada uno de nosotros no somos más que un solo ser, mientras que el número de los demás es infinito, y ellos, al igual que nosotros, también quieren dejar de sufrir. Además, todos los seres somos interdependientes, y, por tanto, estamos íntimamente unidos a los demás. Por consiguiente, el fin último de la transformación que vamos a emprender a través de la meditación es, también, el de ser capaces de liberar a todos los seres del sufrimiento y contribuir a su bienestar.
Meditación
Colocados en la postura de meditación toma unos momentos para respirar y relajarte.
Reflexionemos sobre nuestra situación actual. ¿Acaso no valdría la pena que mejoráramos nuestros comportamientos o reacciones habituales? Miremos en lo más hondo de nosotros mismos. ¿Percibimos la presencia de un potencial de cambio? Tengamos confianza en el hecho de que ese cambio es posible, por poca determinación y lucidez que tengamos. Hagamos cuanto esté en nuestras manos para cambiar no sólo por nuestro propio bien, sino también, y sobre todo, para que un día seamos capaces de borrar el sufrimiento de los demás y ayudarles a encontrar la felicidad duradera. Dejemos que esta determinación crezca y eche raíces en lo más hondo de nosotros.
Fuentes de inspiración
«¿Nuestro comportamiento denota estrechez o amplitud de espíritu? ¿Tenemos en cuenta el conjunto de una situación o nos limitamos a los detalles? ¿Nuestra perspectiva es a corto o a largo plazo? ¿Acaso nuestra motivación se halla realmente impregnada por la compasión? ¿Nuestra compasión se limita a nuestra familia, a nuestros amigos y a todos aquellos con los que nos identificamos? Es necesario que continuamente nos formulemos esta clase de preguntas.»
Fuente: Matthieu Ricard






